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LA NOCHE MAS HISTÓRICA

Por Walter Pidone

Los hechos trascendentales en la vida ocurren tanto de manera imprevista como programada. De esta última forma, el factor “expectativa” suele ir in-crescendo hasta el momento del acontecimiento. Hace casi diez meses sabíamos de la confirmación de Black Sabbath en Cba en el marco del tour de despedida, así que imaginen lo cebado q llegamos al Orfeo todas las huestes metaleras de tres distintas generaciones el inolvidable miércoles pasado.

Hammer abrió el fuego con contundencia y oficio, echando por tierra el karma q padecen las bandas locales encargadas de abrir un evento de esta magnitud. Casi treinta años de carrera y un presente por demás activo son los méritos q llevaron a nuestra “H” a dar el puntapié inicial, a pesar de ciertos cuestionamientos infundados. Lo cierto es q estuvieron a la altura.

Lo de los californianos de Rival Sons fue pletórico. La banda derrocha talento y su música con Zeppelin como principal foco, cobra mayor magnitud en el vivo. Su rock vintage deudor de los ’60 y ’70 fue un aperitivo perfecto para la tormenta q se avecinaba. El mismo set como cabezas de cartel en algún lugar tipo Babylon o Guernica de seguro se metían entre los mejores shows del año en la docta. Impecables.


21:15 hs la intro nos sumerge al mismísimo averno, de a uno se erigen como dioses tres cuartas partes de los causantes del big bang del heavy metal y los primeros acordes de Black Sabbath, una de las canciones emblemas de la leyenda suena tan oscura, densa y maligna como hace 36 años atrás. El viaje comenzaba y el sonido les hacía justicia prácticamente del mismísimo inicio. Los planos de la mezcla eran evidentes, la prioridad la tenían las cuerdas y la voz por sobre la batería.

Ozzy mas que correcto en su performance, un tanto más estático que otras veces pero con el carisma intacto de siempre. Geezer construyendo los cimientos sobre los que se erige el monstruo. Y de Iommi que decir? Iommi es todo. Cada puto riff, cada puta nota que sale de su humanidad tiene el ADN de la esencia del metal. Fairies Wear Boots, After Forever, Into the Void, Snowblind, todas se suceden sin respiro pero cuando War Pigs irrumpe el orgasmo es múltiple. La puesta es sobria, con pantallas tomando a los músicos más algún corto programado jugando también con efectos visuales retros y hasta psicodélicos en algunos momentos. Trato de abstraerme, la gente corea “ole ole ole ole…Ozzy, Ozzy..” en vez de “Sabbath, Sabbath”. Me enojo. Mucho más con los que no pararon nunca de caminar por los pasillos del domo mientras las gemas continuaban fluyendo desde el escenario, acaso no podían aguantar la sed en su Sahara personal o bien padecían de una cistitis aguda? El marco lejos estuvo de ser el esperado, el show cargo de movida con el estigma del “efecto 3000 pesos” no considerando nunca (los que pudieron haber ido) que había localidades a partir de $900 y tuvieron casi un año para ahorrar.


N.I.B. vuelve a hipnotizarme para despertarme de un cachetazo con un apabullante solo de Tommy Clufetos. Entiendo a los nostálgicos que hubieran deseado a Bill Ward en este gran final, pero los resultados no serían los mismos. Rick Rubin cometió dos grandes errores en su carrera como productor, haberle dado bola a Lars Ulrich para que termine saturando el mastering de Death Magnetic y haber despreciado a Clufetos para que no grabase “13” el último gran opus de Sabbath. (fue Brad Wilk de RATM quien grabó el disco). Iron Man, Dirty Women, Children of the Grave y Paranoid (con gente de los laterales copando el campo).


Trece canciones de un setlist que marcaba catorce. Como en México se saltearon “Hand of doom” además de un montón de infaltables. Cinco temas de Paranoid, tres de Black Sabbath y de Master of reality y uno de Vol.4 y Technical Ecstasy. El final con los cuatros saludando al público y las pantallas marcando el final…el gran final. Así como otros nos fuimos con la rara sensación de felicidad y tristeza. Quien llenara el vacío enorme que pueda dejar una leyenda como esta? Este año la vara fue puesta en un lugar imposible de superar. Noches como esta o la de Iron Maiden en el Kempes serán recordadas por siempre. No somos dignos….mejor dicho, si lo somos…por lo menos, los que estuvimos ahí.



1 comentarios:

  1. Estimado Walter:
    Coincido plenamente con vos, sobre todo en el párrafo final de tu reseña, "¿quién logrará llenar el vacío?". Estos septuagenarios probaron una vez más por qué son los más influyentes, junto a Los Beatles, de la escena rockera en general.
    Mientras disfrutaba de la vibra inconfundible de las cuerdas de Sabbath, pensaba:; " Qué macana que estés viejo y enfermo, Iommi"; la magia de este infravalorado guitarrista y compositor, quien fuera opacado por los "guitar heroes" que vinieron después, logró ponernos a todos en una sintonía de ultratumba que ninguna de las bandas nuevas, por tatuados, agujereados o pintados que puedan ser sus integrantes o guturales sus voces logran aportar un 10% de la oscuridad de Sabbath en vivo. Los tres veteranos, más un Don Clufetos a la altura de las circunstancias, demostraron que muchas veces "menos es más".
    Saludos
    Germán

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